días de periodismo

Mis 50 años en periodismo no los cambio por nada

Un día como hoy, hace exactamente 50 años,ingresé a trabajar en el diario La Prensa que, por entonces, le hacía la competencia a El Comercio. Sí, fue el 1 de abril de 1962 que pasé a formar parte de la redacción del periódico que dirigía don Pedro Beltrán. El año anterior, pocos meses antes que egresara de la Escuela de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica, había participado en un nuevo proyecto periodístico de Beltrán: “El Diario”. Sin embargo, esta experiencia – solo se llegaron a publicar cien números- la considero como un magnífico entrenamiento.
Los primeros meses en La Prensa me desempeñé como redactor de turno de día (9 a.m. a 5 p.m.) y de noche (6 p.m. a 2 a.m.), cubriendo todo lo que imprevistamente sucedía en la ciudad. Después me asignaron al Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, donde debía identificar y entrevistar a las personalidades que estaban de paso. También cubrí por un tiempo los Tribunales de Justicia. En esa etapa, que fue muy variada, me designaron para que fuera a informar sobre una nave de Faucett que se había perdido en la selva central, por La Merced, San Ramón, etc.
Los periodistas colaboramos con los encargados de la búsqueda y todas las mañanas sobrevolábamos la zona, tratando de ubicar abajo, entre la espesura, algo que brillara. Y cuando el avión fue hallado en el pico de un cerro, tuvimos que ayudar a cargar los cuerpos de las víctimas. Recuerdo que, como la movilidad escaseaba, viajé acostado sobre dos ataúdes colocados dentro de una camioneta cerrada y que, por lo malo de las carreteras, terminé con los codos y rodillas amoratados. Tanto duró el viaje hasta la ciudad que me acostumbré al mal olor de los cadáveres.
Cuando fueron convocadas las Elecciones Generales, ese mismo 1962, pasé a formar parte del equipo de la página Política. Me asignaron como fuentes los partidos Aprista, Movimiento Social Progresista y Frente de Liberación Nacional, ade´más del Jurado Nacional de Elecciones y Jurado Departamental de Elecciones. Fueron varios meses movidísimos, las Fuerzas Armadas denunciaron fraude y apresaron a los que integraban los dos Jurados. No les miento ni exagero, fueron meses en que todos los días ingresaba a trabajr por la mañana y salía de la redacción a eso de las 2 a.m.
Hasta que me tocó disfrutar de vacaciones y me fui, con una delegación de estudiantes de la Escuela de Periodismo, a México. Sus integrantes retornaron pero yo me quedé todo un mes, entrevistando y fotografiando a artistas. Por las noches, pedía en el hotel que me prestaran una máquina de escribir,redactaba mis notas y, al día siguiente temprano, las enviaba por correo adjuntando fotos que revelaba en un tienda cercana. Cuando regresé a Lima constaté que todas las informaciones y entrevistas habían sido publicadas, en forma destacada, en La Prensa.
Cuando me reintegré, me crucé con Pedro Felipe Cortázar, quien Jefe de Informaciones, y me dijo: “Veo que te gusta Espectáculos. ¿Sabes diagramar y poner titulares?” Yo respondí que sí, que me encantaba escribir sobre espectáculos; y que podía aprender a diagramar y titular. Apenas terminó este breve diálogo, busqué al diagramador Pedro “Perico” Rodó Bazo para que me enseñara a diagramar y a elaborar titulares. Aprendí rápido y me presenté ante Cortázar, quien me dijo que pasara a la sección Espectáculos.
Nunca pensé que mis sueños se iban a hacer realidad tan rápidamente.No solo me encargaron la página de espectáculos sino también la Cultural. Durante los 22 años que trabajé en La Prensa disfruté de los mejores espectáculos populares y culturales.
En 1984, el Dr. Luis Meza, de El Comercio, me llamó diciéndome que el decano iba a entrar a la modernidad, con el off-set y el sistema computarizado y que la familia propietaria deseaba contar conmigo en la parte de Espectáculos, porque iba a producirse una gran renovación periodística.
Hablé con el Dr. Arturo Salazar Larraín, director de La Prensa, y le conté todo. El me dijo que no podía ofrecerme nada y que si El Comercio me estaba llamando, que me fuera. Tras varias reuniones con Alejo Miró Quesada, quedó sellado un vínculo de 20 años con El Comercio, lapso en el que mi columna Mirador contó con la gran aceptación de los lectores. Fue en el 2004 que me jubilé sintiéndome orgulloso de haber laborado en los dos diarios más importantes del Perú. Después comencé a colaborar con Perú Shimpo donde, con un grupo de amigos, trabajamos por hacer un periódico cada vez mejor.
Finalmente, aprovecho esta oportunidad para agradecer a mi esposa Teresa, por todo el  cariño y el apoyo que siempre me brindo y me sigue brindando.

Nota.- Este artículo fue publicado el 1 de abril de este año en “Perú Shimpo”

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