días de periodismo

Un stop! a la soberbia de Luis Miguel

En septiembre de 1992 Warner Music International invitó a una veintena de periodistas de diferentes países latinoamericanos al show que Luis Miguel iba a ofrecer en el Hotel Caesars’ Palace de Las Vegas, con motivo del Aniversario de la Independencia de México. Del Perú fuimos invitados Jorge Henderson, productor y conductor del programa de televisión “Enhorabuena” y yo que, por entonces, era jefe de espectáculos de El Comercio.

Tan pronto bajamos del avión, fuimos trasladados en una hermosa limosina crema hasta el famoso hotel casino. Cuando ingresé a mi habitación, que era amplia y lujosísima, me topé-tal como los demás periodistas-  con un hermoso arreglo de flores y una tarjeta que decía: “Bienvenido”. Además del concierto, estaba programada una conferencia de prensa con el ídolo de la canción.
En esta reunión, las máximas autoridades de la Warner Music International le entregaron al destacado cantante varios trofeos que, gracias a las altas ventas de sus grabaciones, habían llegado de diferentes países. Todo iba muy bien, el apuesto y joven artista mexicano agradecía y sonreía mostrando una blanca y perfecta dentadura. Hasta que llegó un momento en el que lanzó un comentario que me cayó como si me hubiera dado un puñetazo.
Cuando le entregaban un hermoso trofeo de Taiwán, que ustedes pueden apreciar en la foto tomé y publico hoy, Luis Miguel expresó levantando los hombros: “Hum, lo que es yo… no compraría un disco cantado en chino” Yo, que era el único periodista de origen oriental (desciendo de japoneses) en la sala, no pude aceptar este gesto de soberbia y de burla hacia los taiwaneses, me puse de pie y le dije lo siguiente:
“Acabas de comentar en tono irónico que tú nunca comprarías un disco cantado en chino. ¿Qué piensas de las admiradoras que tienes en Taiwán y que, sin saber el español ni comprender lo que cantas, han comprado tus discos y te han hecho obtener este hermoso trofeo? Tan pronto acabé de decir estas palabras y me sentaba, escuché una risita de una de las jóvenes colegas y pensé si había actuado bien al hacer quedar mal a nuestro anfitrión delante de todos.
Luis Miguel se había puesto colorado y se limitó a contestarme lo siguiente: “Yo estaba bromeando” y me limité a replicar: “Ah, era una broma” A la salida de la reunión, solo un maduro periodista de Nueva York se solidarizó con mi intervención diciéndome: “Lo felicito, colega, le hizo usted un stop! a la soberbia de Luis Miguel”.
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