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La vieja entrevista : Manuel Covarrubias

“La gente ya no busca el alma de lo criollo: la música y la comida. El criollo costeño va desapareciendo. Es una barbaridad. Cómo es posible que a “La oración del labriego” lo pongan en ritmo a go-go y que sus versos tan bonitos lo hagan un adefesio. Que dejen los valses, no tienen porqué malograrlas”, dice -bastante mortificado- Manuel Covarrubias Castillo.

El compositor de valses tan difundidos como “Tus pupilas” y “Ocarinas”, etc. afirma que “ya no vale la pena escribir canciones porque, si no se tiene amistad con un intérprete, es difícil que las graben”.  Añade Covarrubias, que ya tiene 76 años de edad, que ya no vale la pena sacar valses para que se estanquen, que nadie los cante”
Sin embargo, este viejo criollo se muestra comprensivo ante la situación. “Es algo natural. Los muchachos han aprendido y el que menos quiere cantar solo sus propias composiciones”, explica. El último tema que ha escrito Covarrubias es “Las flores de mi bandera”, que brotó de su inspiración hace siete u ocho años.
Su amor por la música criolla viene desde la época en que su madre (“que trabajaba como lavandera en casa de la familia Bentín”) celebraba su cumpleaños. “Regularmente, trabajaba para esa fecha. Invitaba a lo más grande del criollismo de esa época. Entre ellos a Aníbal de Souza Ferreira, que tocaba la bandurria, y a Ignacio Manuel Castro, buen guitarrista”, recuerda.
Covarrubias cuenta que por aquellos años “poco se usaba el canto, más los instrumentos de cuerdas y las estudiantinas amenizaban las reuniones” y él, que entonces tendría entre ocho y diez años de edad, se encargaba de alcanzar el café y a la medianoche el consomé a todos los asistentes. Así nació su afición por la guitarra, que sigue tocándola y le sirve para componer sus obras.
“La afición de escribir canciones nació por tener la suerte de conocer a Pedro Bocanegra. Yo tendría unos trece años y él, por lo menos, veintidós o veintitrés, porque ya había servido en el ejército. El, que escribió la polka al coronel Soyer, vivía en el solar Siglo XX, que estaba entre el Paseo Colón y Washington, y mi casa quedaba en el callejón de la Huaca, de la calle Sauce, que ya han demolido”, revela. Covarrubias sonríe al recordar lo siguiente: “Bocanegra siempre me iba a buscar y a mi madre no le gustaba, porque siempre nos quedábamos hasta tarde en la calle”.
Cuando inauguraron la avenida Miramar, que une a Magdalena con La Punta, Manuel Covarrubias debutó como compositor escribiendo el vals “Miramar”. Era el año 1916. Y cuenta que lo cantaban los de la calle La Cruz, amigos como Miguel Pantoja, Virgilio Castillo y Polo Ronchi.
A “Miramar” siguieron “El ocaso”, “Al poeta” (dedicado a José Santos Chocano), “Tus pupilas”, “Ocarinas”, “El Jilguerillo”, “Zoila Rosa” y “Ana Pavlova”, con letra del poeta Juan Valles, quien laboraba en la revista Variedades. “Lo conocí (a Valles) en un bar que quedaba en la calle Divorciadas, junto al antiguo local de La Crónica, y él me pidió que le pusiera música a un verso que había hecho con palabras esdrújulas inspirado en la célebre bailarina de ballet”, cuenta.
Covarrubias ha alternado en su vida de criollo con Nicanor Casas, Justo Arredondo, Carlos Gamarra (hijo de “El tunante”) y Víctor Correa. Sobre los muchachos de “La Palizada”, afirma: “Pasaban por algún lugar, oían guitarras y canto, y entraban nomás. Eran unos paracaidistas”.
Hoy día Manuel Covarrubias Castillo es abstemio. “He bebido mucho, sin compasión. Antes era imposible ir a una reunión y no meterle tragos”, se justifica. Sin embargo,y a pesar de su avanzada edad, no ha abandonado los rincones criollos. Cada miércoles aparece por la peña El Inca, que queda en el Rímac, donde- según él- sirven frejoladas exquisitas y se oye y se canta.
El compositor es casado y tiene seis hijos. “Mis hermanas Matilde, Domitila, Juana y Victoria murieron hace mucho tiempo”, dice con tristeza. Y él, hijo de un zapatero que trabajaba en la Casa Malmborg, sigue ganándose la vida haciendo lápidas de mármol. Sobre este material, comenta: “Hay que saber golpearlo y darle algo de arte”, y se mira las manos, que ya tiemblan.
Nota.- Esta entrevista a Manuel Covarrubias la realicé en su casa -que quedaba en la quinta de la cuadra 3 de la Av. Manco Cápac- y fue publicada en La Prensa el miércoles 20 de diciembre de 1972. El compositor falleció el último día de marzo de 1975 y sus restos mortales descansan en el 23 C del pabellón Santa Caridad del Cementerio El Angel.
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