días de periodismo

Un lonchecito con Serafina Quinteras

Como siempre aquella tarde llegué a casa de Serafina Quinteras – en Mariano Carranza, cerca del Canal 4- con dos paquetes grandes de galletas colombianas Ducales, que tanto le gustaban. Atendidos por su muchacha, Serafina, dos vecinas amigas suyas y el que escribe saboreamos una rica taza de café pasado, panecillos con queso y mantequilla…y mis galletas.Pero, creo, sus tres invitados disfrutamos muchísimo más de la conversación aunque, para ser más exacto, de lo que ella habló y contó sobre diferentes temas. Nuestra anfitriona era una gran y amena conversadora.

Nos dijo que El Comercio fue el primer medio que le publicó sus poemas y que después, gracias a Rosita Hernando- la primera locutora radial que tuvo el Perú- “escribí croniquitas graciosas en la revista Mensajero Agrícola, con el seudónimo de Pepita del Campo. Imagínense…yo que no sé ni cómo se siembra un pepino, escribía sobre agronomía”, y su comentario hizo reír a todos.
Agregó que, gracias a esos trabajos, obtuvo su título de periodista profesional. Cuando le recordé que se lo debía al presidente Belaúnde, quien dispuso en su gobierno que todo aquel que hubiese hecho periodismo durante un determinado tiempo, aún sin haber estudiado en la universidad, podía obtener su título; Serafina comentó: “Ah, algo bueno hizo” y confesó que “él (Belaúnde) nunca fue santo de mi devoción”.
Al hablar sobre los programas humorísticos de la televisión, ella- que había redactado en los años 50 y 60 los libretos del exitoso y recordado programa radial “Callejón”- comentó que “hoy no hay humorismo, hay chistes. Yo no soy chistosa, yo no hago chistes, porque si hago un chiste lo único que consigo es hacer llorar”.
Criticó también la manera de hablar de los peruanos, sobre todo por el uso de expresiones como “good bye”, “happy birthday”, “merry christmas”, “O.K.”, etc. y a continuación se preguntó: ¿Cómo se mentará la madre en inglés”. Todos volvimos a reír.
En otro momento recordó que ya tenía 91 años y agradeció a Dios por estar bien. “Tengo algunas fallas como, por ejemplo, la voz. Ya no tengo esa voz argentina. Yo he cantado y ahora no puedo ni entonar. Yo, que escribo canciones, no puedo ni enseñar mis cosas. Después, el oído está un poco bajo aunque a veces escucho cosas que no quisiera ni oír. Pero no soy quejumbrosa y será por eso que nunca estoy sola. La mayoría de las viejas se queja de todo y yo, felizmente, estoy conforme con mi edad: 91 años. Tengo buenos hijos, buenos nietos y hasta bisnietos”
Reveló que acababa de elaborar su primera décima, algo que nunca había hecho porque es “muy difícil”  y me dijo que si no me escandalizaba, porque encerraba una grosería, podría recitarla. No solo yo, sino también las dos vecinas, la estimulamos para que nos la declamara. Tras anunciar que la había titulado “Cosas mías”, comenzó:
Les abro mi corazón,
aunque crean que no es cierto,
claro que está medio muerto
por tanta desilusión.
Y si hubiera la ocasión
en que la tierra otra vez
por Santa Inés, San Cosme y Santa Anacleta
que agarro la metralleta
y vuelo en un dos por tres.
Amé mucho, por supuesto,
sin cobro ni peaje,
amores sin presupuesto
por eso no hay pretexto
de decir “Pobre de mí”
Hasta el resuello les di
y a cambio no tengo nada;
ah, sí, una graciosa patada
en el mismo cuculí.
Hoy viajo serenamente
sin pena, gloria o rencores,
hago con estos amores
un atado contundente,
lo aplasto prudentemente
ajustando bien el nudo
y en confesarles no dudo,
con mi infinita modestia,
cómo pude ser tan bestia
de amar a tanto cojudo.
Mientras la aplaudíamos, le comenté que el haber amado a tanto cojudo la había hecho llegar a los 91 años, Serafina me contestó: “Qué tal dedicación”.
Aquella tarde, la escritora, compositora, poeta y periodista reveló que nunca estudió literatura ni pasó por la universidad. “Si hubiese estudiado, sería un genio. Mi madre (Delia Castro de Gonzáles) escribía y escribía bien. Ella era más periodista que yo y por eso, como me di cuenta de que lo que podía darme de comer era el humor, me dediqué al humorismo”, comentó.
Nos dijo también que para ella era más fácil escribir en verso que en prosa, porque “para escribir prosa hay que tener muy buena trocha, muy buen estilo. Pero con lo que he hecho, me ha ido bien. Me han cotizado”
Nota.- Este lonchecito tuvo lugar en 1994, diez años antes de su sensible desaparición. Serafina Quinteras, cuyo nombre real era Esmeralda Gonzáles Castro, falleció el 13 de mayo del 2004. Fue autora de la letra de valses populares como “Muñeca Rota”, “Mi Primera Elegía”, “Timotea”, “Romance de Cartón”, etc.  y de libros como “De la Misma Laya”, “Así hablaba Zarapastro” y “Cajón de Sastre”. Escribió temas criollos con Eduardo Márquez Talledo, Manuel Acosta Ojeda, Erasmo Díaz, Augusto Polo Campos, Pedro Pacheco, Luis Garland, Amador Arnez, Laureano Martínez Smart, Teresa Bolívar, Jorge Pérez, Germán Súnico, etc.
Serafina Quinteras, una de sus vecinas y yo.
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