días de periodismo

Escribiendo a las estrellas

Cuando cursaba el último año de secundaria en el Colegio Hipólito Unanue -que funcionaba en lo que hoy es la sede principal del Partido Aprista, en la Av. Alfonso Ugarte- comencé a escribir a las artistas extranjeras pidiéndoles que me enviaran una fotografía autografiada. La primera de ellas que tuvo, no solo la gentileza de remitirme su foto con una dedicatoria, sino también una breve carta, fue Elder Bárber en 1955.

Sin embargo, debo aceptar que no todas las estrellas a las que escribí tuvieron el bello gesto de la cantante y actriz argentina. Muchas nunca respondieron y me sentí estafado porque en esa época vivía de propinas y gastaba, por gusto, en el correo. Sobre Elder Bárber- que sonó en nuestro país con canciones como “Canario Rojo”, “Jinetes en el Cielo”, “Oh, mi papá”, etc.- les hablaré en forma extensa en otra oportunidad.
Entre las artistas que me defraudaron recuerdo nítidamente a Carroll Baker y Linda Cristal quienes, si bien cumplieron con enviarme unas feas y rústicas fotos de tamaño postal con una dedicatoria impresa, éstas incluían en el reverso de las mismas los tamaños y los precios de las fotografías que debía seleccionar si es que deseaba una de mayor calidad. Resultaron ser muy buenas comerciantes estas estrellas de Hollywood.
Sin embargo, tuve alegrías como las que me brindaron dos jóvenes actrices: Susan Strasberg, la hija del célebre maestro de actuación Lee Strasberg, y Susan Kohner. Qué coincidencia, las dos tienen un mismo nombre: Susan, y las dos me hicieron llegar hermosas fotografías autografiadas, de su puño y letra y no un texto simple impreso como con un sello, como lo habían hecho la Baker y la Cristal.
Pienso que las que siempre se muestran respetuosas con los admiradores que les escriben son las europeas. Saco esta conclusión porque obtuve respuesta de las grandes, como Jeanne Moreau, Sofía Loren, Marie Laforet, Gina Lollobrigida, etc, y de las entonces jóvenes valores como Pascale Audret, Lorella de Luca, etc. Varias de ellas brindan una dedicatoria personalizada, es decir, sus palabras están dirigidas a  nombre del que les escribe, como pueden comprobar viendo la foto de Jeanne Moreau que ilustra esta nota.
Y eso no es todo, la que me sorprendió gratamente fue la cantante y actriz Marie Laforet quien, además de la foto, adjuntó una cartita en la que agradece mi interés por su carrera. Aún la conservo como pieza valiosa en el archivador que guarda todos mis recuerdos.
Ahora que estoy redactando esta nota, me sorprende pensar en la gran diferencia que existe entre las actrices que hacen cine en Hollywood y las que trabajan en Europa. Las primeras ganan millones y no son capaces de obsequiarte una foto, al contrario, quieren vendértelas; mientras que las segundas ganan muchísimo menos y son más generosas y gentiles con sus admiradores.

 Jeanne Moreau me envió esta hermosa foto en 1962
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