días de periodismo

Aposté mi trabajo vs. un show

En la segunda mitad de los años 60, el Canal 4 transmitía “El Show de Elena”, un musical que tenía como figura principal a Elena Cortez. Ella era una agraciada charapita, menuda, de  cuerpo escultural y que bailaba con su ballet el ritmo que estaba de moda por esa época: el go-go. Y, como era bien trabajadora, ensayaba duro y sus números de baile era buenos. El programa era producido por su segundo esposo, Mario Spector. Antes había estado casada con un periodista.
Elena, que en realidad se llamaba Consuelo Cortez, había estudiado desde muy niña en la academia de danzas españolas de Carlos Antonio Fernández y, por eso, tenía gracia y elasticidad al bailar los ritmos modernos que gustaban a la juventud. Pero ella no se limitaba a bailar en su show de televisión porque, aunque no tenía gran voz, cantaba y les cuento que hasta llegó a grabar un long-play para la disquera Virrey.
Como les decía, era una artista muy trabajadora y responsable, pero un día hizo algo incorrecto: como no alcanzaron a grabarle la pista de la canción “El Carrousel”, le consiguieron la versión grabada por Angélica María y ella se limitó a mover los labios como si la estuviese cantando, mientras todos escuchábamos el disco grabado por la famosa cantante y actriz mexicana.
Tal vez pensó que como el tema no era conocido, nadie se daría cuenta. Sin embargo, este periodista – que hasta ahora sigue siendo un gran admirador de Angélica María- criticó lo que había hecho Elena Cortez en la página Quién TV, que escribía en el suplemento “7 Días del Perú y del Mundo” de La Prensa. Al leer la crítica, Spector fue a buscarme a la redacción del diario que quedaba en la cuadra siete del Jirón de la Unión.
Muy enojado me dijo: “Así es que usted tiene un oído muy fino” y porfió que había sido la voz de su esposa y no la de Angélica María la que se había escuchado en el programa. Yo le contesté que no tenía un oído muy fino pero que conocía bien la voz y el tema porque, como fan de la baladista mexicana- imagínense que a pesar del tiempo transcurrido,cada vez que estoy en México, voy a visitarla- tenía todos sus long-plays y los escuchaba contínuamente.
Pero Spector no entendía razones y me preguntó si estaba yo dispuesto a apostar mi puesto de trabajo contra “El Show de Elena”. Es decir, que si él demostraba que la voz era la de su esposa, yo renunciaba a La Prensa. Me pidió que fuésemos hasta la oficina del notario Ramírez Gastón Gamio, que era muy popular en esos años pues legalizaba todos los sorteos que se realizaban en la televisión, para que la apuesta fuese seria.
El notario nos escuchó y, tras pensar unos segundos, dijo: “Muchachos, déjense de co……. y vayan a tomarse un café”  Salimos de la oficina y le hicimos caso al Dr. Ramírez Gastón Gamio. Al día siguiente recibí la visita de Elena Cortez quien me confesó que, efectivamente, se había visto obligada a hacer fonomimia mientras sonaba el disco de Angélica María y me pidió que no volviera a tocar el tema en mi columna.
Nota.- Elena Cortez falleció en 1988.
 
Elena Cortez y su hija (1968)
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