días de periodismo

Los programas periodísticos

En la actualidad, los noticiosos – especialmente los de la señal abierta- parecen competir por ver cuál de ellos presenta las informaciones sensacionalistas de tal manera que provoquen shock en la teleplatea. Antes, muchos de los actuales contenidos eran tocados con mesura, con tacto, para no herir la susceptibilidad de los televidentes, por más que las emisiones fueran en horario adulto. Y es que entonces, sus responsables eran éso: responsables.

Probablemente, muchos acepten lo que está sucediendo con los noticieros por considerarlo algo natural, ya que están enfocando hechos que suceden en la vida real y no pueden ser soslayados. Pero también existen los que consideran que la televisión ha cambiado mucho y para mal, pero no piensan que deban dejar de informar si no que este tipo de notas deben reflejar la realidad con cierto pudor y no con la crudeza ofensiva a la que nos están acostumbrando.
Formamos parte del segundo grupo de televidentes y comprendemos que las televisoras busquen que todos sus programas cuenten con el favoritismo del público, que tengan buen rating, porque esto significa mayor publicidad y, por ende, mayores ingresos económicos. Es algo lógico y lo comprendemos bien, la televisión es un negocio y sus timoneles deben ver la mejor manera de guiar sus naves a buen puerto.
Sabemos también que todos esos contenidos (que calificamos de desagradables u ofensivos) de un informativo reflejan en cierta forma los problemas sociales que se producen en nuestro medio. Si bien no hay que escamotearlos, porque forman parte de la realidad, es necesario pensar que la cosa no es darles un tratamiento que roce con el mal gusto o la morbosidad. Este tipo de noticias debería tener un tratamiento que obligue a todo televidente a reflexionar.
Los responsables de un noticiero no deben contentarse con lanzarnos a la cara, por citar un ejemplo, la violación de un pequeño por su propio padre; y, asimismo, la teleaudiencia no debe recibir pasivamente todo lo que nos endilga la televisión. Sería interesante que los directores de los informativos usaran un poquito la cabeza y comenzaran a rectificarse. Dejemos de lado aquello de que “al público hay que darle lo que le gusta”; al público hay que darle lo que le conviene.
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