días de periodismo

El arte de la vulgarización

Realmente la situación económica de Susy Díaz debe ser muy desesperada pues, de otra manera, no nos explicamos cómo aceptó participar en un programa como “El Valor de la Verdad”. O, tal vez, pensó que solo así recuperaría la notoriedad de la que disfrutó alguna vez. La artista que, por esos caprichos del destino, fue en una época Congresista de la República, se sometió a las preguntas de Beto Ortiz y reveló hasta las miserias de su intimidad, sus manías y gustos. Es decir, habló de  todo aquello que pertenecía a su vida privada.
Ella se desnudó ante todo el país y en vano porque ni siquiera logró ganar los 50 mil soles que el programa ofrece como premio mayor. Sin embargo, creemos que ella no abandonó el set con las manos vacías. Algo debe haber recibido a cambio de quedar muy mal ante su hija y su joven marido (de Susy) Andy V, presentes en el “frente a frente” con un conductor que – a pesar de la seriedad con que desempeña su labor- no busca realmente la verdad sino otro tipo de “verdad” , la que escandalice al televidente.
Si bien, como ella misma confesó, todo le resbala, suponemos que sus dos familiares que la acompañaron al programa -así como los que quedaron en casa- tienen razones suficientes para sentirse pésimo y, muy especialmente, el esposo. Porque las cosas que Susy confesó, especialmente sobre temas sexuales, deben haberlo incomodado muchísimo, aunque sonreía cada vez que la cámara lo enfocaba. Como si a él también le resbalara todo pero, como dicen, a veces “la procesión va por dentro”.
Imagínense, escuchar lo que su esposa le reveló a todo el Perú: que cuando él no la satisface recurre al uso de un “consolador”, que se sometió a un aborto, que tuvo relaciones lésbicas, que hizo el amor con uno de los que era su colega en el Parlamento, etc.  Si ella perdió cuando tenía 15 mil soles ganados, por negar que alguna vez Andy V la quiso golpear y el polígrafo (detector de mentiras) señaló que faltaba a la verdad, no queremos pensar que algo grave haya ocurrido el sábado último tras la transmisión de “El valor de la verdad”.
Claro que la única culpable de todo es la madura mujer, que reconoció que se asusta cuando se ve en el espejo, pues no la satisface lo que le muestra a pesar de haberse sometido a unas diez operaciones estéticas. Ojito, con esto no tratamos de justificar si es que hubo problemas después entre Susy y Andy V ¿Saben? Hace muchos años conocimos a Susy cuando era una linda, escultural y simpática jovencita que laboraba como recepcionista en Panamericana Televisión y, si la memoria no nos falla, compitió con Patricia Alquinta “La Gata” y otras bellezas por el título de “Miss Bikini”.
Hoy de aquella figura escultural queda muy poco y nos invadió cierta tristeza cuando, estimulada varias veces por Ortiz, quien la catalogaba de “valiente”, Susy Díaz se mostró como un personaje sin pudor respondiendo con desparpajo sobre temas tan delicados, tan íntimos. Dio la impresión de que, aunque recalcó que todo le resbalaba, no tenía realmente conciencia del mal que se estaba causando. Felizmente, parece que su hija es diferente, porque apreciamos varias veces que su rostro mostraba vergüenza, decepción o fastidio.
Finalmente, una pregunta: ¿vale la pena producir un programa como “El valor de la verdad”?
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