días de periodismo

Olga Guillot: temperamental pero…

Si al hablar normalmente Olga Guillot lo hacía en tono alto, como si deseara que todo el mundo la escuchara, imagínense cómo aumentaba el volumen de su voz cuando se enojaba. De esto último puede dar fe nuestra colega Elvira de Gálvez quien una mañana la llamó al Hotel Crillón para hacerle una entrevista. Al telefonearle, la periodista pensó en su entrevista se olvidó de un detalle muy importante: que la cantante cubana actuaba de noche y que después, tras conversar un buen rato con los amigos, recién se iba a dormir.

Por eso, cuando Elvira la llamó, a eso de las 9.30 o 10 de la mañana, para la destacada cantante cubana dicha hora representaba la medianoche, una o dos de la madrugada de la gente “normal” y a cualquiera le mortifica que le interrumpan el sueño. Por eso, comprendo que Olga Guillot le respondiera de mala manera y a todo volumen. Recuerdo que en los años 70, el gobierno militar creó la comunidad industrial para que los trabajadores participaran en el manejo de la empresa en la que laboraban y disfrutaran de sus utilidades.

Y, en La Prensa, el periodista Wilson Benítez que había sido elegido presidente de la comunidad industrial me preguntó si sería factible que Olga Guillot, quien estaba actuando en el Sky Room del Hotel Crillón, podría realzar la ceremonia de juramentación de su directiva que iba a realizarse a las 10 de la mañana en el Teatro Segura. Le respondí, pensando en lo que le había pasado a Elvira de Gálvez, que iba a conversar con la temperamental artista aunque le adelanté que veía muy difícil que aceptara levantarse temprano y encima…tener que cantar.

Llamé a la intérprete de “Tú me acostumbraste”, “Miénteme”, “Delirio” y otros tantos boleros y fue, mientras almorzábamos en el restaurante del hotel, que le planteé el pedido. Yo, que, desde un comienzo estaba pensando que me iba a contestar con un sonoro “¡No!”, quedé sorprendidísimo cuando me respondió lo siguiente: “Mira, lo voy a hacer solo por ti. ¿Cuándo es la cosa? ¿Tú me vienes a recoger? Eso sí, te pido que me programen al último para poder dormir un poco más”. Tal, como exclamaba Rodolfo “Felpudini” Carrión en la TV, me dije mentalmente: “¡No lo puedo creer!”

El día de la juramentación, la busqué en el Crillón y llegamos al Segura justo en momentos en que cantaba la artista puertorriqueña Carmita Jiménez, quien por entonces estaba casada con el popular animador de radio y televisión y creador del Festival de la Canción de Trujillo David Odría. Al ver su actuación, Olga Guillot se amargó y me comentó muy mortificada: “Mira a esa desgraciada…me ha copiado el estilo de cantar y hasta mis movimientos de manos”. Yo,para calmarla, le comenté: “Trata de imitarte, pero no le sale bien” y la llevé por otro lado para evitar que las dos artistas se vieran frente a frente. ¿Se imaginan el escándalo que se hubiera producido?

Sin embargo, a pesar del carácter fuerte que tenía y que asustaba hasta a los periodistas, ignoro el porqué pero conmigo se llevó siempre muy bien. Y paso a contarles que en otra visita que nos hiciera, le hice una entrevista en un hotel miraflorino y nos acompañaba el empresario Jorge Ferrand, quien la había traído. Siempre acostumbraba anotar algunos datos de lo que mis entrevistados respondían, aunque tuviera encendida mi grabadora, pero esa vez no lo hice, no escribí ni una palabra y, para mi mala suerte, había apretado un botón equivocado y no había grabado nada…nadita de nada.

Al ver mi desesperación, Olga Guillot me preguntó: “¿Cómo andas de tiempo? Si quieres, vamos a repetir la entrevista” Testigo de este hecho, además de Ferrand, fue Verónica Palomino, una coleguita que recién empezaba en La República. Recuerdo que ese día, como ella (Verónica) se acercaba a escuchar lo que la gran artista y yo conversábamos, y esta vez sí lo estaba grabando, Olga le preguntó de mala forma: “¿Y qué es lo que quiere usted?” Fue entonces que yo le dije que se trataba de una nueva periodista y que también deseaba entrevistarla y que no me importaba que escuchara nuestro diálogo. Y Olga la aceptó en la mesa.
Para la mayor parte de los colegas que la trataron, la gran intérprete del bolero era muy temperamental, agresiva, si se quiere algo grosera y antipática pero, por lo que acabo de relatarles, era capaz de tener gestos muy tiernos.

Olga Guillot 7.7.65
Olga Guillot y yo en 1965

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