días de periodismo

La picardía de Carlos Hayre

carlos hayreCuando los directivos de la Asociación Peruano Japonesa decidieron celebrar el primer aniversario del Teatro Peruano Japonés, me pidieron que invitara a algunos artistas para que realzaran con su actuación la ceremonia que tendría lugar la noche del 21 de agosto de 1994 y fue entonces que acudí a Oscar Avilés, Alicia Maguiña y Carlos Hayre, que entonces eran pareja en la vida real y en los escenarios, y a “Perú Jazz” de Jean Pierre Magnet.

Para atender a los artistas invitados se instaló un ambiente en la parte exterior de la Mezzanine, con biombos que le daban privacidad, y en el que se colocó una elegante mesa sobre la que posaban unas fuentes llenas de bocadillos japoneses y peruanos y botellas de gaseosas. Como estaba encargado de atender a las personalidades artísticas que había invitado, me mantuve siempre al lado de ellas para satisfacer cualquier necesidad que pudiesen tener.

Pero hubo un momento en que nos quedamos Augusto Ikemiyashiro y yo con Avilés. Estábamos conversando sobre Chabuca Granda cuando, de pronto, veo que Hayre, desde lo que podríamos llamar la entrada al ambiente donde nos encontrábamos me llamó con movimientos de su mano izquierda. Cuando me acerqué a él, me comentó con bastante seriedad: “¿Sabes una cosa? Oscar y yo estamos un poco distanciados. No nos hablamos hace tiempo y me gustaría que que nos hicieras amistar”.

Entonces le respondí: “Francamente, no sé qué podría hacer para lograrlo. ¿Qué me sugieres?” y Hayre, manteniendo la seriedad en el rostro, me dijo: “Consíguete un par de vasos de whisky, nos juntas a Oscar y a mi y nos hablas. Vas a ver que amistamos al instante”. Llamé aparté a Ikemiyashiro y le conté sobre lo que me había dicho Hayre y lo que finalmente había sugerido como posible solución.

Augusto desapareció, tras decirme, “Espérate un ratito” y,efectivamente, creo que no pasaron ni diez minutos cuando reapareció con una botella de whisky en la mano. La abrí, serví el licor en cuatro vasos (para Oscar, Carlos, Augusto y yo) y brindé pidiendo que los dos viejos guitarristas se reconciliaran. Al escuchar mis palabras, Avilés soltó una sonora carcajada porque, al toque, se dio cuenta que Hayre me había tomado el pelo.

Como todos saben, Carlos Hayre falleció el 19 de julio del año pasado, al mes de haber cumplido 80 años, víctima de un cáncer. Con su desaparición la música criolla perdió uno de sus más destacados valores, porque además de dominar varios instrumentos, conocía los secretos de todos los ritmos musicales (locales y foráneos) y aportó al repertorio criollo valses como “Despertar”, que me gusta en la versión de Tania Libertad. Y perdimos también a un exponente de la picardía criolla y, aclaro, de la sana.

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