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Un día como hoy nació Pinglo

Un día como hoy, hace 114 años, nació Felipe Pingo Alva, el compositor del inmortal vals “El Plebeyo” y de muchos otros temas criollos que – según el historiador Jorge Basadre- reflejan “las tristezas y alegrías del alma mestiza que buscaba su propia expresión”.

Felipe Pinglo Alva nació el 18 de julio de 1899, a las 18:00 horas. Tal como se estilaba en aquella época, vino al mundo en el hogar de sus padres que, como señala su partida de nacimiento, estaba ubicado en “el distrito quinto, cuadra décimotercia de Junín antes Prado número quinientos”, que se mantiene en pie en el jirón Junín 1554, en los Barrios Altos.

Su madre, María Florinda Alva, que tenía 36 años de edad, tuvo un parto difícil, al extremo que le dieron los santos óleos. Entre las complicaciones figuraron una peritonitis y y un fuerte ataque de asma que padecía desde hacía varios años.

Sin embargo, como suele suceder, ella mostró una mejoría- que muchas veces es presagio de un fatal desenlace- y fue entonces que acostaron en su brazo derecho al recién nacido al que, tras besarlo dos veces en la frente, le dijo: “¡ Ay, hijo, cuánto me cuestas!” A los siete días de haber dado a luz, doña María Florinda murió.

Fue el propio padre del compositor, el profesor sullanense Felipe Pinglo Meneses quien, muchos años después, en una carta que le dejó poco antes de morir en 1930 le contó el dramático episodio de su nacimiento y de la muerte de su madre. Es muy posible que el hecho de conocer esta historia lo hiciera sentirse culpable y por eso fuese un hombre triste y melancólico.

Según afirmó alguna vez Aurelio Collantes, “La Voz de la Tradición”, Pinglo “era un hombre magro y melancólico que no conoció ni buscó otros halagos que los de la música, la noche y el amor”. Por su parte, Serafina Quinteras en el vals “Su última elegía”, que le dedicó conjuntamente con Eduardo Márquez Talledo, lo describe de esta manera: “Augusto soberano de la melancolía, señor de la tristeza, monarca del dolor…”

En todas las fotografías que existen, Pinglo aparece siempre serio y parecen confirmar lo que dicen Collantes, Serafina y muchos otros. Pero, entonces, cómo se explica que le gustaran las jaranas, que tocara el rondín y la guitarra, cantara, interpreta “fox trots” y “one steps” y escribiera alegres polkas como “Querubín” y “Las Limeñas”?

Tal vez no siempre fue sombrío, ya que tenía 31 años – y hacía cuatro que se había casado con Hermelinda Rivera Urrutia, quien le dio dos hijos: Carmen y Felipe- cuando su padre le contó cómo había muerto su madre aquel 25 de julio de 1899. Antes de tener conocimiento de esta historia, Felipe Pinglo Alva había sido un joven como cualquier otro.

Criado por su tía Ventura aprendió las primeras letras en la escuelita de su tío Alejandro en 1905, siguió estudiando en la Escuela Fiscal Los Naranjos y concluyó su primaria en el Colegio Sancho Dávila del Carmen Bajo. A los 12 años de edad ingresó al Colegio Guadalupe donde cursó la secundaria.

Le encantaba el fútbol y formó parte de los equipos Sportivo Uruguay, Atlético Lusitania, Sport Gráfico, Los Naranjos, hasta que sufrió una grave lesión en una rodilla que lo mortificó el resto de su vida. Felipe era hincha de Alianza Lima.

Era un adolescente cuando comenzó a frecuentar las jaranas y tenía 17 años cuando compuso su primer vals “Amelia”, y al que siguieron muchos otros inspirados en las mujeres que lo admiraban aunque, según Collantes, Pinglo era malo como cantante y peor como guitarrista zurdo. Surgieron después de su inspiración temas como “El huerto de mi amada”, “Pasión y odio”, “Tu nombre y el mío”, “Amor traidor”, etc.

Pero, con la madurez y los golpes de la vida, ya no solo el amor le sirvió de inspiración, porque también le cantó a “El canillita”, a “Jacobo, el leñador”, a la “Pobre obrerita”, etc. y. como una muestra de su variada temática, escribió “Luis Enrique, el plebeyo” en 1930. Este vals – que conocemos como “El plebeyo”- es considerado el mejor de su copiosa producción musical. Aquí un curioso dato: en 1939, cuando se cumplían tres años de la muerte del compositor (falleció el 13 de mayo de 1936), el gobierno de turno prohibió la difusión de “El plebeyo”, argumentando que no lo había escrito Pinglo sino el líder del Apra, Víctor Raúl Haya de la Torre.

Pinglo, cuyos restos mortales descansan en el cementerio Presbítero Maestro, murió por una anemia causada por la gran cantidad de Finaspirina que consumió durante años para mitigar el dolor que le causaba la lesión a la rodilla que sufriera cuando era un adolescente que jugaba fútbol.

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