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Veramendi sigue escalando

El joven tenor André Veramendi sigue escalando, poco a poco, los peldaños que, en cualquier momento, podrían consagrarlo como una nueva voz peruana que llegue a brillar nítidamente en el mundo de la ópera. En la crítica que EFE acaba de publicar sobre la presentación de la ópera “Manon Lescaut”, de Giácomo Puccini, en el Teatro de la Maestranza, de Sevilla, España, dice: “El público del teatro sevillano ovacionó largamente el montaje y se entusiasmó sobre todo con Arteta, Halffeter y Veramendi”. Se refiere a la soprano Ainhoa Arteta, protagonista principal de la obra; al director musical Pedro Halffter y a nuestro tenor André Veramendi.
Por su parte, el crítico Luis Francisco Navarro Gordillo destaca que, si bien el montaje cedió en lo escénico, donde no se escatimó fue en la elección de las voces. Dice que la soprano Arteta mantuvo un excelente nivel a lo largo de toda la representación, con un canto elegante, sin florituras y con un vibrato natural comedido.
Sobre el tenor italiano Walter Fraccaro, en el rol del apasionado caballero Des Grieux, señala que comenzó algo frío y mantenido en un forte constante, pero fue yendo de menos a más, adquiriendo matices y  logrando una notable proyección; y que Vittorio Vitelli como el Sargento Lescaut, sorteó hábilmente las dificultades de su personaje y consiguió un fraseo elegante.
Señala que el bajo Stefano Palatchi, en el papel de Geronte de Ravoir, se encontró muy a gusto en su personaje, demostrando una considerable técnica y una gran adaptación a lo que su rol requería. Destaca también la actuación del secundario de lujo André Veramendi como el estudiante Edmondo, que se mostró muy ambicioso en su limitado papel logrando un conmovedor fraseo dentro del estilo de Puccini acrecentado por un timbre y un color envidiables.
Mención especial merecen también la Orquesta Sinfónica de Sevilla, dirigida por Halffeter, y los miembros del Coro fe la A.A. del Teatro dela Maestranza, tanto las solistas en el Madrigal como el resto de apariciones corales que bajo la mano de Iñigo Sampil demuestran poco a poco su buen hacer y su constante evolución siendo, cada vez más, parte imprescindible en cada uno de los éxitos que se suceden en el mencionado coliseo.

Sobre la puesta en escena, a cargo de Didier Flamand, dice que se vio debilitada por la necesidad de realizar tres intermedios para el cambio de escenario, resultó estática y concebida para otra época; un convencional boceto de teatro burgués igual de empolvado que las pelucas de los personajes que en ella aparecen. Y es que, por extraño que parezca, aún hoy, la escenografía sigue siendo una lacra para la ópera, acrecentada más aún, cuando la ambigüedad se hace patente.

opera
                                                                  André Veramendi (izq.) en una escena de la ópera “Manon Lescaut”
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