días de periodismo

Una estrella menos en el cielo

Otra estrella de Hollywood acaba de apagarse: Joan Fontaine, cuando no terminamos de lamentar las recientes desapariciones de Eleanor Parker y Peter O’Toole. Joan de Beauvier de Havilland falleció el domingo, debido a causas naturales, a los 96 años. Yo era un niño cuando la ví en “Gunga Din“, de George Stevens, no recuerdo en qué cine. ¿el Bolívar o el América? Estas dos salas estaban cerca de la casa de la abuela y a  la matinée de una de ellas acudía cada domingo, en compañía de mis hermanos y un tío que es medio año menor que yo, después de haber almorzado rico.

Pero, francamente, en aquella época en que tendría unos diez años, poco me interesaba si Joan Fontaine era guapa o si actuaba bien. Tampoco me impresionaba que- entre los que escribieron el argumento, basándose en un poema de Kipling- figuraba el famoso escritor William Faulkner. Mi atención se centraba en las divertidas peripecias de los tres sargentos (Cary Grant, Douglas Fairbanks Jr. y Victor McLaglen) que, con la ayuda de un humilde sirviente hindú, enfrentaban y vencían a una secta de fanáticos seguidores de la diosa Kali. gunga din
Pasado el tiempo, siendo ya un adolescente, mi forma de ver cine cambió totalmente y me preocupaba por apreciar las películas que volvían a reponerse dentro de ciclos o festivales que duraban una semana. Recuerdo, por ejemplo, que el Cine Country programó varias películas que Alfred Hitchcock dirigió para los Estudios Selznik y, entre ellas, figuraron “Rebeca” y “Sospecha“, dos obras protagonizadas por Joan Fontaine. También exhibió “Cuéntame tu vida” y “Tuyo es mi corazón”, protagonizadas por una gran favorita mía: Ingrid Bergman.
Una noche, salí del cine y caminé hasta la Av. Arequipa, para tomar mi colectivo. Me había parado en el borde de la berma y no me había dado cuenta que venía un auto a gran velocidad y, aunque escuchaba el sonido constante de un claxón, ni siquiera volteé para ver qué sucedía. En eso sentí que algo pasó rozándome y, mientras me recuperaba del susto, vi que un vehículo frenaba y que su conductor parecía conocer a mi madre…porque me la mentó. Cómo me habría impresionado la cinta de Hitchcock que me había quedado pensando, sin darme cuenta de lo que pasaba a mi alrededor.
Pero, volvamos a Joan Fontaine. Había nacido en 1917 – y tal como su hermana Olivia de Havilland, que nació un año antes- en Tokio. El padre era profesor de inglés en la Universidad Imperial de Tokio y la madre una actriz de teatro. Fue Olivia la que empezó a hacer cine y cuando Joan le siguió los pasos, la madre – aparentemente, Olivia era su engreída – le prohibió que utilizara el apellido De Havilland. De tal manera que en sus primeras películas se hizo llamar Joan Burfiel.
Es famosa la enemistad que surgió entre las dos hermanas, quienes ni se hablaban, y parece que todo comenzó cuando eran niñas. Olivia le destrozó un vestido que era el preferido de Joan, que tenía 5 años de edad, y en otra la agarró de las mechas. Hechos como los reseñados, más la preferencia que la madre demostraba por su hija mayor, habrían dado origen a una ira que, en lugar de disminuir según se hacían mayores, fue acrecentándose más y más.
A tal extremo que, cuando en 1942 las dos compitieron por el Oscar a la mejor actriz (Joan por “Sospecha” de Hitchcock y Olivia por “La Puerta de Oro”) y ganó Joan Fontaine, ésta se dio cuenta que su hermana se acercaba para felicitarla y le dio la espalda. Después,
cuando en 1975 a la madre de ambas se le detectó un cáncer, Joan no quiso que la operaran considerando su avanzada edad (88 años); sin embargo, Olivia le llevó la contra. Al fallecer, Olivia le envió un telegrama a Joan, que estaba en una gira teatral por Europa, y que ella recibió dos semanas después del sepelio.
En una entrevista que le hicieran en 1978, al tocarse el tema del distanciamiento de su no menos famosa hermana, Joan Fontaine declaró: “Me casé primero, gané el Oscar antes que ella y si muero primero, sin duda, ella estará furiosa porque hasta en esto le gano”. A propósito, y como no podía ser de otra manera, Olivia de Havilland – al enterarse del fallecimiento de su hermana- confesó a unos amigos que se sentía “conmocionada y entristecida”.

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Hermanas distanciadas, Joan Fontaine y Olivia de Havilland, en una de las pocas fotos que las muestran juntas.

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