días de periodismo

La voz de Elder Barber

Mi viejo amigo Alvaro Ruiz de Somocurcio me acaba de ceder “parte de su vida”, representada por un montón de discos compactos que me acaba de obsequiar. Alvaro es menor que yo y nos conocemos desde la época en que éramos jóvenes y laborábamos en “La Prensa” de don Pedro Beltrán, él en Publicidad y yo en Redacción. Después Alvaro pasó a El Comercio y, en 1984, por esas cosas del destino, también fui llamado para laborar en el Decano de la Prensa Nacional. De tal manera que volvimos a trabajar en un mismo medio periodístico y siempre en las mismas áreas. Haciendo cálculos somos amigos desde hace más de 50 años y en todo este tiempo tanto hemos hablado de cine y música que conoce mis gustos.


Por lo tanto, todos los CDs que seleccionó para mí son de los artistas y la música que me agradan. Lo primero que hice al recibir la caja que los contenía, fue revisarlos y quedé pasmado con las joyas que formaban parte de la remesa. Entre ellas figura un álbum doble de Elder Bárber, la primera artista internacional con la que tuve contacto epistolar cuando yo era todavía un colegial. Me enamoré de su hermosa voz al escuchar sus grabaciones por Radio Panamericana en los años 50 y un día le escribí y me respondió con una carta fechada el 15 de agosto de 1955. Al año siguiente tuve la suerte de conocerla personalmente cuando vino a cumplir una larga temporada en Radio La Crónica y otros escenarios.


Recuerdo que durante el mes que duró su visita a Lima la acompañó su padre y que en una oacsión, cuando guardó cama a causa de un fuerte resfriado, me recibían en su habitación del Hotel Bolívar y que alguna vez disfrutamos de una latita de natilla piurana utilizando la misma cucharita. Ella me llamaba “Katito”, cuando me hablaba y también cuando me escribía. Demás estar contarles que Elder Bárber tuvo un gran éxito, creo que bastará con informarles que -además de sus discos de carbón (78 rpm.) – Iempsa a través del sello Odeón lanzó dos long-plays de diez pulgadas. Además, con David Odría y Luis Iwakawa fundamos el Club de Admiradores de Elder Bárber.


La fama y la popularidad de la bella cantante argentina creció tanto que fue llamada a España,donde conoció al compositor Manuel Moreno Buendía, con quien se casaría y al que haría padre de Carolina y Alejandra,quienes nacieron en 1964 y 1968, respectivamente. A pesar de la distancia, la artista nunca olvidó a su primer admirador peruano y es por eso que aún conservo cuatro cartas y fotografías que ella me envió desde Argentina y España. Elder murió el 6 de marzo de 1982. Sin embargo, gracias a la generosidad de Alvarito puedo escucharla cantar ,una y otra vez, “Canario Triste”, “Era una Vez”, “El Canario Rojo”,”Tirar,Tirar de la Aguja”, “Una Casita en Canadá”, etc. Lástima que sus películas no hayan sido editas en DVD. 


En la foto de 1956 aparecemos Elder Bárber y yo

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